sábado, 8 de octubre de 2011

Esa noche fría.


Anoche, las sabanas no alcanzaban para calentarnos. Hacia mucho frio, recuerdo que me decías: Abrázame, abrázame fuerte que tu estas calentita. Y yo sonreía y entre lo que podía te calentaba con mi cuerpo desnudo. Me encantaba acariciar tu piel, era más suave de lo que la había imaginado. También recuerdo como tu respiración se aceleraba con cada caricia, y entre apasionados besos, una cosa llevaba a la otra.
Sin duda alguna, fue una noche preciosa.

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